Un anciano nos da la mayor lección de amor que se puede recibir

Encontramos esta noticia, de 2014, que nos hizo llegar un voluntario de Huellas hace poco. El voluntario ha conocido a gente con Alzheimer, y sabe bien lo que es pasar por algo así. Cuando nos iba a contar la historia, al principio, pensábamos que se trataría de algo duro o trágico. Nada más lejos de la realidad.

arkansasDesde hace tres años, Melvyn Amrine, un anciano enfermo de Alzheimer, apenas recuerda nada y necesita ayuda para caminar. Sin embargo hace unos días el hombre tuvo un momento de lucidez y desapareció de su casa para ir a comprarle rosas a su mujer para el día de la madre, tal y como hacía todos los años antes de perder la memoria. Los agentes de la policía de Arkansas, en Estados Unidos, localizaron al hombre y le ayudaron a realizar la bonita misión.

Hace muchos años, Melvyn Amrine y Doris comenzaban su historia de amor. Una historia que dura más de 60 años y de la que siguen igual de enamorados. Pero hace tres años Melvyn Amrine le fue diagnosticado Alzheimer, lo que supuso un duro golpe para su familia y muy especialmente para su mujer.

Desde ese momento Mevyn fue perdiendo progresivamente su memoria hasta el punto de no reconocer a su mujer o tener que necesitar ayuda para poder caminar. “El ya no recuerda si fue él quién me pidió matrimonio o fui yo. Le tengo que recordar constantemente que fue él” explica con lágrimas Doris, en un vídeo publicado por la CBS Sunday Morning.

Pero un hecho sorprendente ocurrió un día antes de que se celebrara el Día de la Madre. Melvyn se levantó de la cama y salió de casa por sus propios medios, decidido para ir a comprar unas flores. Después de que la familia avisara a la policía, los agentes de la ciudad de Little Rock, en el estado de Arkansas, Estados Unidos, encontraron al anciano a unos tres kilómetros de su casa y les explicó que se dirigia a la floristería para regalarle unas rosas a su mujer con motivo del día de la madre. Los policías, al ver tan lúcido al hombre, decidieron acompañarle en su tarea y acercarle a casa después.

Cuando Doris lo vio entrar por la puerta con aquellas rosas y una sonrisa, pensó “Gracias, gracias porque he visto su corazón”. Y es que Melvyn le había llevado flores todos los años por el día de la madre desde que nació su primer hijo. “Es especial, porque a pesar de que la mente no se acuerda de todo, el corazón recuerda”, afirmó Doris.

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